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XXXII



Este árbol
atraviesa con sus raíces
mi cuerpo

desde acá
desde el suelo

con el cuerpo desnudo
con el alma arropada
por el musgo
por el líquen
por la baba verde de las hojas

acá, desde la tierra palpitante
intento ver la luna
pero no cualquiera
no ésta
sino aquella
que me entregaste
con tus dedos.


Las raíces avanzan
se adentran cada vez más
en cada una ellas
va escrito tu nombre
y me atraviesan
me horadan por todos lados
dejando el aroma de tu pelo
muy dentro de mí

mientras tú
en ese árbol hueco
estás oculto
fuera del alcance
de mis raíces


escribes en la noche
duermes de día
y no te das cuenta
que te busco
que busco tu luna
que busco tocar tu nuca
los nudillos de tus dedos
la línea recta
de tu cuerpo.

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