Ir al contenido principal

357 sueños que tuve durante el 2015 y podrían ser un cuento (Vol. 1)




Me gusta recordar lo que sueño. 

No siempre sucede, la mayoría de las veces sí, incluso hasta muy avanzado el día puedo recordarlo. 

Antes tenía un diario de sueños, pero con lo poco disciplinada que soy, terminó arrumbado en casa de mi madre. 

Lo que me gusta de los sueños lúcidos, son todas las emociones instantáneas que me provocan, y cómo se quedan pegadas a mi cuerpo toda la mañana. 

Nunca he usado un sueño para algo literario, pero sin duda, lo veo como otra forma de escritura. 

Los sueños que voy a enlistar aparecieron en los últimos años, la necesidad de rememorarlos pretende ser un remanso para mi angustia actual. Hace poco descubrí que he escrito más de 300 textos para mi trabajo y he avanzado muy poco en mis cosas. 

Me siento desubicada. 

Si sólo sigo escribiendo copys, voy a enloquecer.


  1. Un borracho confunde a una mujer con un caballo y se queda tres días mudo.
  2. Jarvis Cocker de 50 años es mi profesor de Lingüística y por supuesto, quiere conmigo, algo así como El libro, de Juan García Ponce.
  3. M. y yo venimos regresando de Inglaterra y estamos buscando casa. Tiene que ser la adecuada porque vamos a tener un hijo. Yo hago hincapié en eso. M. me dice que E. nos va a regalar la suya, en Acatlipa.
  4. Matt Smith es mi roomie, vivimos en una casa que está ubicada en una privada de la Avenida Palmira. Es de tres pisos, paredes blancas y un jardín en el que de niña me gustaba echarme a dormir. También hay una alberca a la que siempre le tuve miedo.
  5. Estoy en casa de Socorrito, pero todos me tratan de una manera extraña, buscando repelerme a toda costa. Salgo al patio y el perro se abalanza sobre mí, me rasga la nariz con sus colmillos.
  6. M. me habla por teléfono, pero no alcanzo a contestar.
  7. César y yo tenemos un nuevo departamento, hay dos cuartos. Pero también hay una fuente extraña, es como una fuente-pared-escalonada donde el agua cae como un río. Hay muchos peces de colores nadando en ella.
  8. Un personaje desconocido y yo vamos caminando por la calle. Es de noche, y todo esta muy oscuro, desordenado, con bolsas de basura en las banquetas. La calle es  Matamoros, en el centro de Cuernavaca o Clavijero. Le digo a mi acompañante que se siente una humedad muy densa en todo el ambiente. Responde: "Sí ,tan húmeda como estabas tú ayer conmigo".
  9. Estamos grabando un programa de radio en una casa. Hay mucha gente. Estoy segura que D. anda por ahí, y me escondo para evitar saludarlo. M. también está ahí. Sé que está algo molesto conmigo. Salgo de mi escondite para hablar con él. Aunque me muevo por todas partes de la sala, nunca logro verlo a la cara, siempre, su espalda.
  10. Voy caminando por un mercado, en la zona en donde siempre hay garnachas. No es uno que yo haya visitado antes. De pronto, tengo mucha prisa. Caro anda por ahí. Voy avanzando desesperadamente, buscando la salida. Veo a R, está comiendo una quezadilla. Cuando me ve, me saluda efusivamente. Como tengo prisa le respondo con la mano. Y él grita: ¡Te quiero mucho! Confundida, le respondo que yo también, aunque no es cierto. Subo unas escaleritas de metal y veo a una turba doblando la esquina. Vienen por mí, comienzo a correr, grito...y entonces.... despierto. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Algunas notas desordenadas sobre "Roma"

1.- Siempre que Cleo contesta el teléfono, limpia el auricular antes de pasarlo a su empleadora. Eso me hizo recordar que en una de las casas en las que trabajó mi madre había un vaso, plato, y cubiertos para mí. De niña lo vi como un gesto de cariño, pero ahora entiendo que era una manera muy sutil de diferenciar, de evitar la contaminación.

Autorretrato I

Mi cuerpo está marcado por caminos de lunares y cicatrices. Incluso, hay un lunar que también es cicatriz.  Mis favoritos son los que se encuentran sembrados en mi rostro. Tengo un lunar que cubre casi toda mi muñeca derecha. De niña me gustaba imaginar que era un perico gritando, mamá decía que era la "botita" de Europa.   Una cicatriz en la ceja izquierda es mi rasgo definitorio. Tengo una espalda de aproximadamente 37 centímetros. Mis padres constantemente la señalaban como un defecto, una deformidad que me hacía ver menos femenina.  “Esa blusa se te ve bien, a pesar de tu espalda ancha”. Por eso, casi nunca uso blusas de tirantes o  strapless cuando tengo el pelo corto.

El día que me emborraché con tres tecates y el Re de Café Tacvba o la nota de agradecimiento que no escribí.

Me gusta mucho la música, siempre me ha traído cosas buenas. Trato de pensar en algún mal recuerdo que esté ligado a alguna canción y no encuentro nada. Probablemente lo haya, pero en general las canciones me recuerdan momentos gratos. A Mariana la conocí en Acapulco, en un encuentro de jóvenes escritores. Estuvimos tres días en el mismo hotel, comimos en el mismo restaurante, viajamos en la misma combi, y nos sentamos a escribir en la misma mesa. Pero en realidad, hablamos a lo mucho dos minutos y el último día del encuentro. Primero se me acercó para decirme que un amigo en común me mandaba saludos. Y fue curioso, porque sentí una extraña familiaridad con ella, no sé si fue por la amabilidad de su voz, por sus maravilloso rizos o porque después de sentir que no había conectado casi con nadie, tenía un lazo con alguien.