Pocos libros, en realidad muy pocos me han dejado con una sensación de confusión agradable. Sentir que estoy leyendo algo magnífico pero difícil de comprender. Farabeuf, de Salvador Elizondo es uno de ellos, hace una conjunción del erotismo, tortura, medicina, lo corporal y lo místico. Los narradores jóvenes deberían de leer a Elizondo antes de darse infulas de estar descubriendo un género o el hilo nuevo de la narrativa erótica.
1.- Siempre que Cleo contesta el teléfono, limpia el auricular antes de pasarlo a su empleadora. Eso me hizo recordar que en una de las casas en las que trabajó mi madre había un vaso, plato, y cubiertos para mí. De niña lo vi como un gesto de cariño, pero ahora entiendo que era una manera muy sutil de diferenciar, de evitar la contaminación.
Y es difícil no amar esos dedos y la longitud que lleva a tus brazos, tus hombros, tu espalda, tu cuello, tus labios...
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